• Document: VIA CRUCIS POR LA FAMILIA. Catequesis Familiar
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VIA CRUCIS POR LA FAMILIA Catequesis Familiar Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí (Mt. 10, 38) Que la meditación de tu Pasión y Muerte me ayude, Señor , a seguirte de cerca, con quienes has puesto junto a mí. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. I. Jesús es condenado a muerte Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo. Lectura del Evangelio según san Marcos 15,12-13.15 Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?» Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo». Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Jesús, también he sido yo quien con mi asentimiento cómplice, por indiferencia o por comodidad, te he abandonado al arrinconarte en mi hogar y relegarte a un segundo plano. Prometo cambiar, Señor. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Jesús, pequé: ten piedad y misericordia de mí. II. Jesús con la cruz a cuestas Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo. Lectura del Evangelio según San Marcos 15,20 Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. El miedo al sufrimiento y a las dificultades hace que me retraiga de mis deberes. Cualquier excusa es buena para evitar un esfuerzo y pedir más a quienes quiero. Consigo así burlar el peso de la cruz y te dejo solo con ella. Haz, Señor, que sea valiente y que en mi familia aprendamos a vivir desprendidos de los bienes caducos y pasajeros. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Jesús, pequé: ten piedad y misericordia de mí. III. Jesús cae por primera vez Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo. Lectura del profeta Isaías 53,5 Pero Él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre Él, sus cicatrices nos curaron. Es fácil engañarse y pensar que son los pecados de otros, y no los míos, los que llevaron a Jesús al patíbulo. Esa es también la razón por la que pido pocas veces perdón en casa. Perdonar, dejarse perdonar, agradecer el perdón y enseñar a perdonar: el Señor ha venido a curar a los pecadores. No le encontraré si me considero bueno y libre de faltas. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Jesús, pequé: ten piedad y misericordia de mí. IV. Jesús encuentra a su madre María Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo. Lectura del Evangelio según san Lucas 2,34-35.51b Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Éste ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción, y a ti misma una espada te traspasará el alma, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones». Su madre conservaba todo esto en su corazón. Como María, la oración y la meditación de la Palabra de Dios me permite mirar a Jesús a la cara en el tiempo de adversidad. Los hijos maduran cuando aprenden a afrontar el dolor, no cuando se les evita. Enséñanos, Señor, a no tener miedo a nada ni a nadie. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Jesús, pequé: ten piedad y misericordia de mí. V. Simón el Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo. Lectura del Evangelio según San Lucas 23, 26 Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús. Con la cruz se topa todo el mundo, crea o no en Dios: es parte inevitable de la condición humana. La fe nos permite descubrir, con ella, a Jesús, que nos pide ayuda para llevarla. Dame, Señor, el don de mostrarme siempre alegre, aunque el cansancio me doble cuando llego a casa. Que los míos solo me recuerden con la sonrisa en los labios, también cuando no pueda reprimir las lágrimas en los ojos. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Jesús, pequé: ten piedad y misericordia de mí. VI. Verónica limpia el rostro de Jesús Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. Porque por tu santa Cruz redimiste al mundo. Lectura del libro de los Salmos 27,8-9 Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro». Tu rostro buscaré, Señor. No me escondas tu rostro. No recha- ces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación. Encuentro tu rostro, Dios mío, cuando te descubro en quienes padecen a mi lado. Líbrame de la indiferencia ante el enfermo, ante el dolor de un ser

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